Kateta (abono para el floripondio) cazadora de colobrís Ahora cuida con su sueño profundo el árbol de los sueños. Regresará convertida en flor o mariposa. Su delicada huella ya es parte del pulso de algunos corazones. Kateta ya sabe que la vida es sólo la mitad del camino.
lunes, 15 de febrero de 2010
domingo, 17 de enero de 2010
A mediodía fui a Merced y Sonora por varios víveres; hice ese recorrido que tanto me gusta y ahora sí tomé fotos. La primera foto es de la puerta principal del edificio Juana de Arco, que es una fregonería de principios del XX (según mi ignorancia). En la segunda y terceras fotos, la parte nororiental de Juanita y su derriere, respectivamente (dan a la calzada de Tlalpan). La cuarta foto es de un botecito de basura de manufactura y diseño ecosostenibles empotrado en la pared del edificio. Parece que este edificio y la iglesia que está en la glorieta (a la izquierda del Jeanne en la quinta foto) es de lo poco que aguantó el temblor del 85 en esta zona. Respecto a la iglesia, unas disculpas al hombre de Dios al que insulté en el post anterior. He descubierto que no fue suya la brillante idea de los colores nacoloniales, sino de alguna autoridá. En la sexta foto aparece una iglesia que está casi sobre la calzada de Tlalpan rumbo al norte; esa foto la tomé en junio pasado, cuando todavía conservaba su muy fregón revestimiento de tezontle y roca volcánica y seguía muy “ruinosa”. La séptima foto, desde otro ángulo, es de hoy, avanzadas las labores de “salvación” y pintada ya con los nacolores de la capillita de la glorieta. Por alguna razón que escapa a mi intelecto, los genios de la restauración mexicana tienden a ponerle "un poquitín" en la madre a los edificios que “salvan”, desmadrándoles su estética y, según yo, anulando su restauración. En fin, supongo que alguien le gustan las cosas “bonitas y padrísimas”. La última foto es de la jotógrafa, subida en soberana estructura de acero.
jueves, 17 de septiembre de 2009
sábado, 12 de septiembre de 2009
¡Descubren cenote ceremonial en la Doctores!
Ya quisieran nuestras "autoridades". No, la única noticia es que están rebanando el mítico-mágico-monumental Chipote que Crece, llamado irrespetuosamente "chipote" por el diputado que convocó al inicio de obras y que supone que Yo pedí que le dieran en la madre a tan prestigiado vestigio de civilizaciones del pasado (que ocultaron en su interior un ovni). ¿Qué había bajo el chipote? Además de agua (parece que era un "chipote de agua"), pues no sé, porque no fui al banderazo del deschipotamiento. Tampoco había puesto nada en el blog, porque atravesé por un peligroso trance de cambio de casa/bomberazo editorial. Hoy ya tengo internet, pero estuve viviendo en la damnificación como por tres semanas: con la ropa en bolsas, los trastos en cajas, sin estufa, sin teléfono; además, corrigiendo harto para editorial que lleva sus libros a la SEP y transportando mis chivitas en diablo desde mi antigua casa, pues me mudé a dos cuadras de donde vivía, así que se me hizo fácil trasportar todo en el diablo... y casi me cuesta un ovario.
¡Qué capacidad de acumular pendejadas físicas que no llegan a bienes tiene el sapiens sapiens! Una vez una persona me dijo que entre las seres humanos existía la casta ¿o raza? de los Acumuladores de Triques; y que si uno tenía en vía materna o paterna a un Acumulador de Triques, uno ya tenía un sino claro. Cuando me dijo esto, hace como cinco años, terminé por convencerme de que era un imbécil. Ahora me acordé de su sabio descubrimiento, al darme cuenta de que pertenezco a la casta de Acumuladores de Triques, y que estoy doblemente predestinada, pues mis dos donadores de materia genética también son Acumuladores de Triques. De mi madre heredé la manía de llenar los anaqueles de la cocina con trastos contenedores, que, al menos yo, termino sin usar. Mientras guardaba y tiraba sufría con ello: "¿Será que me arrepentiré de tirar este frascote de cristal que no he usado en dos años (y al que le falta la tapa)? Y estos frasquitos chiquitos tan chidos y tan útiles, ¿cómo los voy a tirar? ¿qué les puedo poner adentro? ¿por qué será que no los uso?" Y de mi padre la tendencia a guardar triques ceremoniales y emocionales: canicas, un arete que no tiene par, unas piedras, caracoles, una cintita de lentejuelas (con poderes mágicos, of course), los coches de mi hermano pequeño, una mosca de plástico chiquita, etcétera. Pero puta, una cosa es guardarlos y otra muy jodida cargarlos tres escaleras abajo y echarlos al diablo; y luego subirlos otra escalera empinada. Y luego el horrible verde que tenía el estudio nuevo y que tuve que pintar de naranja (un naranja chido). Y la estufa (¿por qué me pasan estas cosas a mí?). Primero no tenía estufa (en el otro lugar usaba una integral); luego mis progenitores me regalaron una con motivo de mi complaños (SÍ, CUMPLIMOS AÑOS VAN THE MAN Y YO: ÉL EL 31 DE AGOSTO, YO EL 8 DE SEPTIEMBRE); luego no sabía cómo conectarla; luego me traje una manguera de casa de la jefa; luego fui por un adaptador porque no encajaba la manguera; luego el adaptador estaba grande; luego de que regresé por el adaptador correcto, la conecté y calenté agua para un té: se acabó el gas; luego perseguí al camión del gas porque por las chingadas obras de deschipotamiento no pasa mero enfrente el camión; luego olía un chingo a gas cada vez que la prendía; luego un alma caritativa vino a confirmar que la había conectado bien, hizo unos pases mágicos con los quemadores Y YA: espero que no pase nada raro ahora. Por todo eso es que sigo sin carburar correctamente y ya hasta redacto así de horrible.
Fotos: del deschipotamiento. En la última, no confunda usted la actitudad meditabunda del hombre de la derecha con lelez. Ya desearían Mircea Eliade o Elias Caneti tener acceso a lo que pasa por su masa encefálica.
Aunque tarde: feliz complaños al maestro Van Morrison y a mí. Cumplí los malditos 27, lo que significa que durante los siguientes 12 meses deberé ser especialmente cuidadosa a la hora de libar. ¡Aún no quiero morir! Con todo y mudanzas y deschipotamientos, me gusta la vida.
jueves, 9 de julio de 2009
cursum perficio
Estas son las colaboraciones que durante 2 años y medio publiqué en El Financiero. Las puse en este blog para que las lean, porque probablemente nunca supieron que hacía esta columna.
http://www.manzanitapodrida.blogspot.com
http://www.manzanitapodrida.blogspot.com
miércoles, 24 de junio de 2009
¿Sabe qué está muy inn en las recesiones y no cuesta nada? Claro, la Suspensión Voluntaria de Calzado Deportivo. Cabe recordar que este deporte, también conocido como Ponerse la Corbata, sólo se puede practicar una vez (doy por sentado que los “intentos de suicidio” son mamadas de niños fresas buscando llamar la atención y de briagos amateurs). Todo auténtico suspensor voluntario del zapato-tenis lo consigue. Punto. Ahora, algún arqui o inge chilango previsor hizo estos puentecitos peatonales, diseñados específicamente para impedirle un excelente escenario para (no olvidemos a nuestros héroes periodísticos que nos dieron patria) “dirigirse al más allá”. Tiene usted las vías del metro en vertical, un puente alto, pero, oh sorpresa, un rejota infranqueable: una especie de vagina aérea que lo conduce sano y salvo al otro lado, a menos que usted pase a altas horas de la noche. Yo no le intentado, así que es pura especulación, pero tomando en cuenta que el mentado puente liga la Obrera y la Tránsito, es probable que a usted lo puedan violar, robar o matar (o los tres servicios incluidos) si cruza a deshoras. Lo interesante de estos puentes es que el inge o era existencialista, o dialéctico o tenía un sentido del humor muy tétrico, porque es probable que si uno no va lo suficientemente deprimido, esta arquitectura manchester-chilango lo suma en los abismos de la ibídem. En realidad, el diseño es retrofuturista y chingón, y a mí que no me molesta la estética chilanga de la mugre, me gusta harto este puente, pero claro, se vería distinto sin tanta porquería.
Feliz San Juan Bautista para mi jefe, y también para mi sanguaza.
sábado, 13 de junio de 2009
Leyendas urbanas: El chipote que crece
Latitud: triángulo de las Bermudas
Longitud: harta
Ubicación: a 2 cuadras del metro Niños Ebrios
Color de tez: mavimentosa parchada
Complexión: chipotuda
En el cruce de Doctor Vertiz y Doctor Velasco se encuentra el tres veces insondable Chipote Que Crece. ¿Qué es? Nadie lo sabe, o "la verdad está allá jueras" y existe un compló de nuestro risible gobierno para no revelarla. El caso es que es un chipote, y crece. ¿Cómo? ¿A quioras? Nadie lo sabe, pero incluso yo he sido testiga del sobrenatural jenómeno. Cuando trabajaba en Praxis (primavera del año del siñor 2005), el chipote era apenas un tope rasurado. Y ahora, un robusto chipotote. Diversos testigos muestran incredulidad: "vienen y cavan y le sacan y nada: sigue creciendo" (editor de la zona que no quiso identificarse). ¿Será que bajo él yacen todos los manuscritos enviados a _____ (editorial zonal de su preferencia)? ¿O restos de los autores anónimos? Por cierto, justamente entre Velasco y Navarro se halla el antiguo límite sureño de la gran Meshíco Tenustitlán. Sí, mis chingones, por acá llegaba Moctezuma, ataviado con chanclas di oro, a visitar a sus nobles o a coger o a chupar o a pachequear ¡o a citarse con los aliens que viven bajo el chipote que crece! ¿Quién puede corrobar lo contrario? La colonización ya empezó. También es neta que a dos cuadras se encuentra ese rico altar dedicado a Nuestra Señora del Mictlán; claro, la Santita tiene por acá sus aposentos. Por si las dudas (y como pronostica una leyenda maya nacida en la torre latinoamericana :: el mundo se acabará en 2012::), póngansen en paz con la Madgie mexica, nuestra señora Coatlicue.
Fotos: diversas imágenes del Chipote Que Crece. Camioneta con ñora encabronada a bordo; diversos estragos causados por el chipote; flora cercana al chipote; primerísimo plano del mismo (con todo y vestigio de civilización consumista), e te ce.
viernes, 12 de junio de 2009
El material de los sueños
(bajaré por ella) a la profundidad grandilocuente
De las manifestaciones humanas, la que más admiro (aunque bueno, admiro pocas) es la capacidad de soñar. No logro entenderla del todo, y no me preocupa hacerlo. ¿Viajes astrales? ¿Recuperaciones ópticas transformadas? ¿Formas psicológicas del inconsciente por resolver la realidad? Bah, por lo menos esta última me parece una explicación prosaica. No creo que al “sueño” le importe un comino el bienestar emocional de uno. El sueño no es un estado “humano” de uno; es un estado inhumano, en cuanto que por inhumano entiendo sobrehumano. Si me preguntaran cuál sería mi vida perfecta, respondería sin dudar: “dormida, soñando”. Si me preguntaran que empezaría a extrañar, de antemano, si supiera que voy a morir pronto, respondería, sin pose: “realmente me angustia saber que no volveré a soñar”. Si me preguntaran qué planes recreativos tengo para este año, diría: “soñar más”. Vendería mi alma por el sueño interminable. Arriesgaría mi vida por una hora entera de sueños.
Es verdad que en parte es porque soy una persona inconforme con mi realidad, con la realidad y un poco bastante pesimista en cuanto a las relaciones humanas (de cualquier tipo), pero, además, ¿qué más podría desear uno que transitar por el sueño? Abrir una tras otras las puertas de paisajes y emociones “recalcitrantes”, pleno y libre, con el peso adecuado. Cuando uno está sobrio el peso es demasiado; la prueba está en que uno se enferma de estrés, o se muerde un labio hasta producirse una herida (como yo) al no saber cómo pagará la renta. El peso es demasiado porque uno vive “prosaicamente” (al calce: 422 para Telmex; no sé cuánto del celular; 3150 de renta; 100 para un tóner, etcétera) y porque uno sabe que va a envejecer; que no hay recompensa; que de todas maneras, uno será un viejo enfermo algún día. La noción de la muerte hace que uno acometa todo con cierto grado de cansancio. Cuando uno está intoxicado, el peso es demasiado poco, tanto que uno quisiera estar intoxicado por siempre. Pero tarde o temprano llega la cruda y el peso parece insoportable. En el sueño es distinto: todo es intenso y puro. Nuestra capacidad de asombro es inconmovible a la pesadilla. Paisajes, ¡dadme paisajes! señor del Sueño, amo de los baldíos celestiales.
Todas las culturas han mostrado un respeto incomún (sí, incomún), al Sueño. Hasta el Poder le teme. No hay nadie que no se haya estremecido por un sueño; o que haya creído ver en él el futuro. Incluso el pecaminoso y recatado catolicismo no ha tenido de otra más que encontrar en él una fuerza capaz de retar a sus santos. Íncubo o súcubo, el poderoso señor ostenta su marca inconmensurable: “no me podrás descifrar (nunca)”. Todas son explicaciones, lecturas.
Traigo a colación esto porque hoy decidí tomar mi medicina por la mañana, ya que el ache vasodilatador me estaba provocando pesadillas. Sí, parece muy maniaco, pero después de siete días soñando cosas angustiosas, decidí cambiar de horario. Una de ellas me pareció muy interesante (bueno, en el momento sufrí harto), por “su lectura” del Infierno. Estaba en un paraje que se alargaba “hacia abajo”. Un hombre (que resultó ser Gandalf, de The lord of the rings) nos instruía a ocultarnos: “Ya viene; el Ángel del Apocalipsis está aquí. Huyan”. Tarde me daba cuenta que me escondía muy estúpidamente, y que probablemente me encontraría. De pronto vi entrar su hocico en la cavidad donde me encontraba. El ángel era horripilantemente espantoso: una mezcla de T-rex con gato japonés de esos que no tienen pelo, del color de las ratas recién nacidas. (¿Nunca han visto una rata recién nacida? Se han perdido de sentir una ternura nauseabunda). El ángel me encontraba y me devoraba. Se supone que uno no puede morir en sueños, así que el acto de “devorar” era distinto: yo observaba “físicamente”, desde donde estaba, al ángel llevarse una especie de holograma mío a la boca, y entonces comenzaba a sufrir “el infierno”: una mezcla de dolor físico con la angustia de la conciencia de que ese dolor “era para siempre”; de que yo no iba a morir y sufriría, cada día, cada hora, cada segundo, “literalmente” “eternamente”. Me costó trabajo despertar, y luché para no volver a dormirme inmediatamente (para no volver a sentir eso).
Ayer ya no tuve pesadillas. Soñé mi ciudad, que nunca es ésta. En mi sueño había unas como chimeneas en un barrio chino, pero instalado más al poniente, sobre la México-Tacuba. En las chimeneas había aves, y alguien preguntaba: “¿Y en tu poema, dónde están las aves? Óyelas, lo que dicen es intraducible, ¿cómo podrás reproducirlo? ¿Podrás hablar de su vida misteriosa y mágica (y sin embargo prosaica) en estas chimeneas? Debes encontrar un párrafo para las aves”. Me desperté pensando si sería cierto. Odio a las palomas (inmundas palomas). Me gustan muchos los zanates y les tengo cierta simpatía a los gorriones. Pero no se me había ocurrido “concentrarme” en las aves. Últimamente sueño mucho a mi hermano. La última vez, por primera vez, lo soñé como es hoy. Siempre lo sueño como cuando era niño. El sueño es capaz de negar al tiempo: él es mi juguete. Resulta que yo era adolescente y el era un muñeco que creía. Hasta ahora, todos los niños varones de entre 6 y 9 años me parecen angelicales, pero ninguno tanto como ese muchachito que me pedía que viera “la telita” con él. No lamento que haya crecido, pero agradezco recuperar su luz infantil en el sueño. Me despierto y digo: “nadie lo tiene como yo: para nadie es tan mío como para mí”.
El sueño tiene todas las ventajas sobre la vida: uno es siempre vital; uno se maravilla; uno “no se puede” morir; uno descubre cosas nuevas siempre (o sea, uno es “forever young”); el sueño no tiene consecuencias; uno es libre; (incluso) uno se puede avergonzar sin sentir vergüenza por ello. Lo que me lleva a preguntarme: ¿podría vivir siempre dormida? ¿Es que el sueño posee toda esta belleza, ÚNICAMENTE, porque uno despierta a la prosaica realidad?
(subiré con ellas) desde la profundidad arrebolada
De las manifestaciones humanas, la que más admiro (aunque bueno, admiro pocas) es la capacidad de soñar. No logro entenderla del todo, y no me preocupa hacerlo. ¿Viajes astrales? ¿Recuperaciones ópticas transformadas? ¿Formas psicológicas del inconsciente por resolver la realidad? Bah, por lo menos esta última me parece una explicación prosaica. No creo que al “sueño” le importe un comino el bienestar emocional de uno. El sueño no es un estado “humano” de uno; es un estado inhumano, en cuanto que por inhumano entiendo sobrehumano. Si me preguntaran cuál sería mi vida perfecta, respondería sin dudar: “dormida, soñando”. Si me preguntaran que empezaría a extrañar, de antemano, si supiera que voy a morir pronto, respondería, sin pose: “realmente me angustia saber que no volveré a soñar”. Si me preguntaran qué planes recreativos tengo para este año, diría: “soñar más”. Vendería mi alma por el sueño interminable. Arriesgaría mi vida por una hora entera de sueños.
Es verdad que en parte es porque soy una persona inconforme con mi realidad, con la realidad y un poco bastante pesimista en cuanto a las relaciones humanas (de cualquier tipo), pero, además, ¿qué más podría desear uno que transitar por el sueño? Abrir una tras otras las puertas de paisajes y emociones “recalcitrantes”, pleno y libre, con el peso adecuado. Cuando uno está sobrio el peso es demasiado; la prueba está en que uno se enferma de estrés, o se muerde un labio hasta producirse una herida (como yo) al no saber cómo pagará la renta. El peso es demasiado porque uno vive “prosaicamente” (al calce: 422 para Telmex; no sé cuánto del celular; 3150 de renta; 100 para un tóner, etcétera) y porque uno sabe que va a envejecer; que no hay recompensa; que de todas maneras, uno será un viejo enfermo algún día. La noción de la muerte hace que uno acometa todo con cierto grado de cansancio. Cuando uno está intoxicado, el peso es demasiado poco, tanto que uno quisiera estar intoxicado por siempre. Pero tarde o temprano llega la cruda y el peso parece insoportable. En el sueño es distinto: todo es intenso y puro. Nuestra capacidad de asombro es inconmovible a la pesadilla. Paisajes, ¡dadme paisajes! señor del Sueño, amo de los baldíos celestiales.
Todas las culturas han mostrado un respeto incomún (sí, incomún), al Sueño. Hasta el Poder le teme. No hay nadie que no se haya estremecido por un sueño; o que haya creído ver en él el futuro. Incluso el pecaminoso y recatado catolicismo no ha tenido de otra más que encontrar en él una fuerza capaz de retar a sus santos. Íncubo o súcubo, el poderoso señor ostenta su marca inconmensurable: “no me podrás descifrar (nunca)”. Todas son explicaciones, lecturas.
Traigo a colación esto porque hoy decidí tomar mi medicina por la mañana, ya que el ache vasodilatador me estaba provocando pesadillas. Sí, parece muy maniaco, pero después de siete días soñando cosas angustiosas, decidí cambiar de horario. Una de ellas me pareció muy interesante (bueno, en el momento sufrí harto), por “su lectura” del Infierno. Estaba en un paraje que se alargaba “hacia abajo”. Un hombre (que resultó ser Gandalf, de The lord of the rings) nos instruía a ocultarnos: “Ya viene; el Ángel del Apocalipsis está aquí. Huyan”. Tarde me daba cuenta que me escondía muy estúpidamente, y que probablemente me encontraría. De pronto vi entrar su hocico en la cavidad donde me encontraba. El ángel era horripilantemente espantoso: una mezcla de T-rex con gato japonés de esos que no tienen pelo, del color de las ratas recién nacidas. (¿Nunca han visto una rata recién nacida? Se han perdido de sentir una ternura nauseabunda). El ángel me encontraba y me devoraba. Se supone que uno no puede morir en sueños, así que el acto de “devorar” era distinto: yo observaba “físicamente”, desde donde estaba, al ángel llevarse una especie de holograma mío a la boca, y entonces comenzaba a sufrir “el infierno”: una mezcla de dolor físico con la angustia de la conciencia de que ese dolor “era para siempre”; de que yo no iba a morir y sufriría, cada día, cada hora, cada segundo, “literalmente” “eternamente”. Me costó trabajo despertar, y luché para no volver a dormirme inmediatamente (para no volver a sentir eso).
Ayer ya no tuve pesadillas. Soñé mi ciudad, que nunca es ésta. En mi sueño había unas como chimeneas en un barrio chino, pero instalado más al poniente, sobre la México-Tacuba. En las chimeneas había aves, y alguien preguntaba: “¿Y en tu poema, dónde están las aves? Óyelas, lo que dicen es intraducible, ¿cómo podrás reproducirlo? ¿Podrás hablar de su vida misteriosa y mágica (y sin embargo prosaica) en estas chimeneas? Debes encontrar un párrafo para las aves”. Me desperté pensando si sería cierto. Odio a las palomas (inmundas palomas). Me gustan muchos los zanates y les tengo cierta simpatía a los gorriones. Pero no se me había ocurrido “concentrarme” en las aves. Últimamente sueño mucho a mi hermano. La última vez, por primera vez, lo soñé como es hoy. Siempre lo sueño como cuando era niño. El sueño es capaz de negar al tiempo: él es mi juguete. Resulta que yo era adolescente y el era un muñeco que creía. Hasta ahora, todos los niños varones de entre 6 y 9 años me parecen angelicales, pero ninguno tanto como ese muchachito que me pedía que viera “la telita” con él. No lamento que haya crecido, pero agradezco recuperar su luz infantil en el sueño. Me despierto y digo: “nadie lo tiene como yo: para nadie es tan mío como para mí”.
El sueño tiene todas las ventajas sobre la vida: uno es siempre vital; uno se maravilla; uno “no se puede” morir; uno descubre cosas nuevas siempre (o sea, uno es “forever young”); el sueño no tiene consecuencias; uno es libre; (incluso) uno se puede avergonzar sin sentir vergüenza por ello. Lo que me lleva a preguntarme: ¿podría vivir siempre dormida? ¿Es que el sueño posee toda esta belleza, ÚNICAMENTE, porque uno despierta a la prosaica realidad?
(subiré con ellas) desde la profundidad arrebolada
martes, 9 de junio de 2009
Katuno 2.0
¿En qué consiste la terapia prehistórica? Meterse en algún lugar calientito y cómodo (o sea, la cama) y estacionarse ahí, todo el día de ser posible. Dormir y dormir lo más posible. Lo intenté, y casi lo consigo, de no ser porque un escuincle prehistórico estuvo llorando en la cueva de interés social de a lado desde las 6 de la mañana y porque, como a partir de las diez y hasta las doce, unos neandarthales callejeros estuvieron emitiendo gritos y otros sonidos inarticulados con algún primitivo propósito que no alcancé a dilucidar. En serio, cuando me levanté de la cama me pregunté cómo era posible que en "esta economía" terrible y despiadada individuos tan elementales pudieran sobrevivir. Parece exageración, pero no. Dos sujetos estuvieron jugando por horas el juego "yo grito como si me estuvieran matando, tú te ríes". Durante todo ese tiempo no les escuché decir una palabra.
viernes, 5 de junio de 2009
fallas técnicas
(por si no lo saben) (que es lo más probable) para escribir _____________ (proyecto fonquiano) son necesarias las “rutas”. ¿Qué son las chingadas rutas? ¿Cómo se insertan en el lenguaje poético? Son demasiadas preguntas al mismo tiempo. El caso es que el flâneur ha estado desde febrero del año pasado haciendo sus mentadas rutas. Pero hay que recordar que el flâneur estuvo deprimidito el Año del Chahuiztle 2008 y enfermo como por cinco meses repartidos en dos grandiosos periodos de fiebre, dolor y muchas cosas feas. Así que, por supuesto, no terminó sus chingadas rutas en el año de beca (amén de que varias se redefinieron), y después ha tenido que parir chayotes para conseguirlo. Por fortuna, el flâneur ha recuperado su vigorosa salud (juar juar) y ya es feliz (algo así). Para hacer esta ruta, tuvo que espiar al servicio meteorológico y ¡despertarse a las siete a eme! (horror) Pero finalmente el jueves lo consiguió (el lunes lo intentó, pero los cinco minutos de remolona se convirtieron en una hora y ya no iba a ser “válido” para la ruta). Intentó tomar al mismo tiempo unas fotos, pero nunca ha sido más cierto eso de que no se puede chiflar pinole y comer al mismo tiempo. Con el cuaderno de notas en una mano, las fotos tomadas con la otra salieron “medio” movidas u oscuras o fuera de foco. (Créanme que me menté la madre cuando vi el san miguel movido; era buena foto.) Aquí están las rescatadas de un centro mañanero y que quizás algunos de astedes no conozcan. Vale la pena llegar un día a las ocho a eme a Arcos de Belén para internarse en la zona decó del centro y luego cruzar el eje hacia las Vizcaínas y meterse hasta el fondo por Moneda o Jesús María a la mera gloria del barroco novohispano (¿pleonasmo?). El centro a esa hora es otra cosa. Es decir, deja de ser la cosa esa atestada de turistas, viejitos que no tienen nada qué hacer en su casa y que abusan de que les sale gratis el metro, mendigos, ambulantes, clientes, jueces, legisladores y otros especímenes de cuidado.
martes, 2 de junio de 2009
Katuno 1.0
Este es el primero de una serie de posts con el fin de encontrar a The Ultimate Katuno, el gato dedicado a Katundra (esperemos que el gato no muera; y si muere, que Katundra no crea que es un presagio), y todo porque un día prometí a Katundra que encontraría un gato digno del Katún para ella. ¿Cómo es ese gato? Bueno, debe ser muy bonito y con un halo especial que recuerde al Katún. ¿Y quién es Katún-Katundra? Eso es tema de otro post.
Pues este es el Katuno 1.0. Vive en la torre de Telmex y cuando lo vi tenía esa cara. Supongo que todavía la tiene. Parece que está encabronado o que es muy mamer (como Katún! Ja ja!), pero no; su quid está en los oclayos: tiene uno como delineado y otro sin delinear, y por eso tiene ese look chopero. Ja ja. Bueno, espero que el Katún se sirva en informarme si éste es el Ultimate Katuno o si debo continuar mi búsqueda.
martes, 5 de mayo de 2009
Impotencia+ciudad parada= caballo frenético
Estoy hasta la madre (y no estoy sola en este sentimiento) con esta hipocondriaca farsa política que tiene semiparalizada a la ciudad. Anoche tuve que caminar once malditas cuadras para encontrar un kilo de huevo; hoy me encontré con que no había el jugo que me gusta en el chingado sumesa y con que el ñor de la tienda ya no tenía garrafones medianos (de diez litros), por lo que tuve que hacer otra travesía épica por mi garrafón de agua. La culpa es de: 1) el paro de labores no esenciales (como la repartición de abarrotes en las tienditas fodongas) y 2) la estupidez clasemediera que arrasó los “súpers” como si fuera a pasar una horda de zombis o no sé qué diablos. Y la lista sigue: el gimnasio al que voy abrirá hasta que el semáforo esté en amarillo, pues le aplican la misma cláusula que a los balnearios y estadios deportivos (¡¡¡!!!); no se pone mi puesto callejero de sushi; diez cuadras por unas copias; tuve que entregar contraseña con el amigo del primo de la ruca de las copias por un engargolado.
Sin embargo, en nota de El País, fechada el 30 de abril por Pablo Ordaz, Miguel Ángel Lezana, director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades, declara que el chingado cubrebocas no sirve para ni madres, "porque la porosidad que tienen permiten fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie". "…es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño" (y nuestros gobernantes más sanos haciendo trácalas con su compra). El virus muere en el aire y sólo sobrevive por medios sólidos. O sea que basta con no ponerse bajo el hocico de algún enfermo y con no rascarse los ojos, picarse la nariz y lamerse los dedos después de bajar del metro para estar a salvo. Y, sin embargo, en internet hay un video donde se muestra cómo hacer un tapabocas con trapos de cocina. Hay que estar realmente asustado y, además, a mil kilómetros de años luz del sentido común para andar por la calle con un trapo de cocina como bozal.
Lo que me enseña a mí esta epidemia chirris es el grado de manipulación al que está sometida la clase media mexicana. En El Universal hay una nota titulada algo así como “En Tepito desafían al virus y no usan cubrebocas”. La nota “periodística” refiere como un vendedor cuenta sus billetes mientras dice “a mí me vale madres el virus ese” y el “periodista” contrapone este riesgoso y antiético acto guarro a las estrictas medidas del sam’s de Polanco, donde los compradores son desinfectados antes de entrar. Pero detrás de esta pendeja nota hay algo realmente muy riesgoso y bastante grave: el sistema de juicios y valores plutocrático-neonovohispano que tiene como bueno, deseable y correcto lo que hace la “gente bien” y como malo, arriesgado e ilegal lo que hace “la nacada”: detrás de este sistema que la clase media lleva años comprando como religión hay algo más sencillo: es “la nacada” que sobrevive con sus negocios informales la que no lleva a la telera jugosos millones de pesos en publicidad que sí llevan los grandes empresarios, a quienes no beneficia en nada que haya familias económicamente activas fuera de su órbita de control.
En momentos de crisis autoimpuesta como éstos se puede leer en el fondo de mierda de la bacinica social: las pringas saltan inmediatamente a la vista del buen observador. Tomemos como ejemplo el mentado semáforo porcino: mañana abrirán los restaurantes y el jueves los centros religiosos, pero las discotecas, los bares y los cines sólo hasta el lunes (el domingo pondrán en amarillo el semáforo porque sólo hasta el domingo terminarán de limpiar los pupitres, porque todo este maldito tiempo, en vez de estar tomando medidas públicas, nuestros gobernantes toman medidas privadas para beneficiarse de la compra de tapabocas y gel para manos sin licitación pública). Pueden ser sólo cuatro días, pero son cuatro días en que el gobierno está marcando claramente qué conductas sí son apropiadas y cuáles no, carentes de cualquier fundamento médico. Si usted es un buen ciudadano irá a la iglesia, ¿para qué quiere ir al antro? ¿O cuál se supone que es el maldito argumento para abrir los templos? ¿No son centros donde se congregan multitudes, muy especialmente, multitudes de enfermos o de familiares de enfermos para pedir por su curación o la de los suyos? ¿No serían las iglesias, en este sencillo análisis lógico, centros de alto contagio? Por otro lado, nadie con cuarenta grados de temperatura sale de su casa para ir al billar. Lo que encierra esta disposición es un grado muy alto de fascismo bajo circunstancias en que la mayoría dirá: “No seas paranoico, es sólo para evitar contagios”, pero la razón, no muy usada por los ciudadanos en estos días, fácilmente encuentra podrido todo esto. Y lo más grave es que ese fascismo llegó para quedarse: ese semáforo porcino va a estar dando guerra dentro de unos meses, cuando la epidemia “repunte”. Y a todo esto, ¿cuántos enfermos de influenza conoce usted? El valemadrismo del tepitense tenía fundamentos lógicos: la clase popular (a diferencia de clase media) no está “tan” mediatizada: sabe reconocer mejor entre una amenaza real y una amenaza virtual, simple y sencillamente porque ha estado desprotegida desde siempre (sí, ya sé que los puristas dirán que soy una naca por usar este giro: siempre y desde juntos es un barbarismo). Al vendedor de discos compactos al que le valía madre el virus, le valía madres porque ni su mamá, ni su abuelita, ni sus sobrinos, ni los primos del cuñado, ni la nuera del cuate, ni el ex de la novia tenían gripe porcina. Con el sida, que sí es una epidemia, es distinto: todos conocemos, por lo menos de oídas, a uno o dos güeyes que ya colgaron los tenis o que están en el proceso por culpa de esa chingadera. Y por eso le tenemos miedo al sida. Ni yo, ni Carlos, ni el Domes, ni Nutte, ni su Laureta, ni la Karencia, ni Rocío, ni etcétera conocemos un solo caso de gripe porcina. No digo que no exista, pero la proporción debe ser de .000000000000000000000001%. Eso no es una epidemia. ¡Además, el sida seguro mata y la influenza sólo si uno se intenta bajar una fiebre de 40 con paletitas de miel! Y sí no me creen a mí, créanle a este güey, que sí fue a la universidad:
Esta gripe durará lo que dure en los informativos. Tengo 52 años y he vivido y estudiado unas cuantas pandemias: esta es de las suaves. La gripe porcina este año es benigna en todas partes menos en los medios, que sí contagian una epidemia de miedo más virulenta que nunca. Soy judío. Tengo 3 hijos pequeños y ningún temor. La hipocondría causada por los medios de comunicación y esa gripe del miedo me preocupa más que la porcina. Eso sí es preocupante: la propagación instantánea del virus del miedo a través de los medios nos está perjudicando más que la gripe. Lo realmente nuevo en este virus es esa cobertura que internet ha convertido en instantánea: ¿cuántas veces al día oímos la palabra gripe o la leemos? Y la están alimentando los estados: ¿Por qué tiene que salir todo un jefe de Estado (sólo este buen señor cree que Calderón es un “jefe de estado”) a hablar por la tele de una vulgar gripe? “¿Tan poco le preocupa esta gripe?” Es incluso más benigna de lo que imaginaba en un principio; está resultando suave: poco contagiosa y poco peligrosa. “Hay muertos.” Como cada año. Cada año la gripe causa miles de muertos sin que merezcan ni un segundo de televisión ni un titular ni siquiera en internet. Les pido que utilicen su circuito humano neuronal de la razón y el sentido común y bloqueen el centro neuronal del miedo que compartimos con los animales. (ja)
Marc Siegel, especialista en gripe porcina; profesor de Medicina, Universidad de NYC (y persona mucho más inteligente que nuestros funcionarios de rancho, pues, ya que han dejado esto como un rancho, eso son)
¡Ya, a la mierda, quiero que me regresen mi atestada y maremagnúmica ciudad!
Sin embargo, en nota de El País, fechada el 30 de abril por Pablo Ordaz, Miguel Ángel Lezana, director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades, declara que el chingado cubrebocas no sirve para ni madres, "porque la porosidad que tienen permiten fácilmente el paso de las partículas, y porque además es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie". "…es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño" (y nuestros gobernantes más sanos haciendo trácalas con su compra). El virus muere en el aire y sólo sobrevive por medios sólidos. O sea que basta con no ponerse bajo el hocico de algún enfermo y con no rascarse los ojos, picarse la nariz y lamerse los dedos después de bajar del metro para estar a salvo. Y, sin embargo, en internet hay un video donde se muestra cómo hacer un tapabocas con trapos de cocina. Hay que estar realmente asustado y, además, a mil kilómetros de años luz del sentido común para andar por la calle con un trapo de cocina como bozal.
Lo que me enseña a mí esta epidemia chirris es el grado de manipulación al que está sometida la clase media mexicana. En El Universal hay una nota titulada algo así como “En Tepito desafían al virus y no usan cubrebocas”. La nota “periodística” refiere como un vendedor cuenta sus billetes mientras dice “a mí me vale madres el virus ese” y el “periodista” contrapone este riesgoso y antiético acto guarro a las estrictas medidas del sam’s de Polanco, donde los compradores son desinfectados antes de entrar. Pero detrás de esta pendeja nota hay algo realmente muy riesgoso y bastante grave: el sistema de juicios y valores plutocrático-neonovohispano que tiene como bueno, deseable y correcto lo que hace la “gente bien” y como malo, arriesgado e ilegal lo que hace “la nacada”: detrás de este sistema que la clase media lleva años comprando como religión hay algo más sencillo: es “la nacada” que sobrevive con sus negocios informales la que no lleva a la telera jugosos millones de pesos en publicidad que sí llevan los grandes empresarios, a quienes no beneficia en nada que haya familias económicamente activas fuera de su órbita de control.
En momentos de crisis autoimpuesta como éstos se puede leer en el fondo de mierda de la bacinica social: las pringas saltan inmediatamente a la vista del buen observador. Tomemos como ejemplo el mentado semáforo porcino: mañana abrirán los restaurantes y el jueves los centros religiosos, pero las discotecas, los bares y los cines sólo hasta el lunes (el domingo pondrán en amarillo el semáforo porque sólo hasta el domingo terminarán de limpiar los pupitres, porque todo este maldito tiempo, en vez de estar tomando medidas públicas, nuestros gobernantes toman medidas privadas para beneficiarse de la compra de tapabocas y gel para manos sin licitación pública). Pueden ser sólo cuatro días, pero son cuatro días en que el gobierno está marcando claramente qué conductas sí son apropiadas y cuáles no, carentes de cualquier fundamento médico. Si usted es un buen ciudadano irá a la iglesia, ¿para qué quiere ir al antro? ¿O cuál se supone que es el maldito argumento para abrir los templos? ¿No son centros donde se congregan multitudes, muy especialmente, multitudes de enfermos o de familiares de enfermos para pedir por su curación o la de los suyos? ¿No serían las iglesias, en este sencillo análisis lógico, centros de alto contagio? Por otro lado, nadie con cuarenta grados de temperatura sale de su casa para ir al billar. Lo que encierra esta disposición es un grado muy alto de fascismo bajo circunstancias en que la mayoría dirá: “No seas paranoico, es sólo para evitar contagios”, pero la razón, no muy usada por los ciudadanos en estos días, fácilmente encuentra podrido todo esto. Y lo más grave es que ese fascismo llegó para quedarse: ese semáforo porcino va a estar dando guerra dentro de unos meses, cuando la epidemia “repunte”. Y a todo esto, ¿cuántos enfermos de influenza conoce usted? El valemadrismo del tepitense tenía fundamentos lógicos: la clase popular (a diferencia de clase media) no está “tan” mediatizada: sabe reconocer mejor entre una amenaza real y una amenaza virtual, simple y sencillamente porque ha estado desprotegida desde siempre (sí, ya sé que los puristas dirán que soy una naca por usar este giro: siempre y desde juntos es un barbarismo). Al vendedor de discos compactos al que le valía madre el virus, le valía madres porque ni su mamá, ni su abuelita, ni sus sobrinos, ni los primos del cuñado, ni la nuera del cuate, ni el ex de la novia tenían gripe porcina. Con el sida, que sí es una epidemia, es distinto: todos conocemos, por lo menos de oídas, a uno o dos güeyes que ya colgaron los tenis o que están en el proceso por culpa de esa chingadera. Y por eso le tenemos miedo al sida. Ni yo, ni Carlos, ni el Domes, ni Nutte, ni su Laureta, ni la Karencia, ni Rocío, ni etcétera conocemos un solo caso de gripe porcina. No digo que no exista, pero la proporción debe ser de .000000000000000000000001%. Eso no es una epidemia. ¡Además, el sida seguro mata y la influenza sólo si uno se intenta bajar una fiebre de 40 con paletitas de miel! Y sí no me creen a mí, créanle a este güey, que sí fue a la universidad:
Esta gripe durará lo que dure en los informativos. Tengo 52 años y he vivido y estudiado unas cuantas pandemias: esta es de las suaves. La gripe porcina este año es benigna en todas partes menos en los medios, que sí contagian una epidemia de miedo más virulenta que nunca. Soy judío. Tengo 3 hijos pequeños y ningún temor. La hipocondría causada por los medios de comunicación y esa gripe del miedo me preocupa más que la porcina. Eso sí es preocupante: la propagación instantánea del virus del miedo a través de los medios nos está perjudicando más que la gripe. Lo realmente nuevo en este virus es esa cobertura que internet ha convertido en instantánea: ¿cuántas veces al día oímos la palabra gripe o la leemos? Y la están alimentando los estados: ¿Por qué tiene que salir todo un jefe de Estado (sólo este buen señor cree que Calderón es un “jefe de estado”) a hablar por la tele de una vulgar gripe? “¿Tan poco le preocupa esta gripe?” Es incluso más benigna de lo que imaginaba en un principio; está resultando suave: poco contagiosa y poco peligrosa. “Hay muertos.” Como cada año. Cada año la gripe causa miles de muertos sin que merezcan ni un segundo de televisión ni un titular ni siquiera en internet. Les pido que utilicen su circuito humano neuronal de la razón y el sentido común y bloqueen el centro neuronal del miedo que compartimos con los animales. (ja)
Marc Siegel, especialista en gripe porcina; profesor de Medicina, Universidad de NYC (y persona mucho más inteligente que nuestros funcionarios de rancho, pues, ya que han dejado esto como un rancho, eso son)
¡Ya, a la mierda, quiero que me regresen mi atestada y maremagnúmica ciudad!
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