lunes, 5 de mayo de 2008

El ecatemonstro




No sé cuánto tiempo llevo pidiendo que se eleve a su verdadera calidad de próceres del idioma a los reporteros de La Prensa y nadie me hace caso, ni siquiera mis insignes lectores se suman a mi petición, pero con esta nota quizás las cosas cambien.

Vecinos indignados por "El monstruo de Ecatepec"


“Co­mo una per­so­na in­ca­paz de sos­te­ner una amis­tad, mis­te­rio­so y ca­lla­do es con­si­de­ra­do por sus ve­ci­nos el que aho­ra se le co­no­ce co­mo "El Mons­truo de Eca­te­pec", quien en días pa­sa­dos ma­tó de un ma­za­zo en la ca­be­za a su ma­má, pa­ra lue­go des­mem­brar­la en par­tes (GRAN Y ASOMBRADO SIC: no sabíamos que se pudiera desmembrar de un solo tajo o en una sola pieza) y arro­jar­las en el Gran Ca­nal y co­la­de­ras, cer­ca de la ca­sa don­de co­me­tió el ho­rren­do cri­men.


Eduar­do Sal­ga­do Cer­van­tes, el cual ade­más de ser ta­xis­ta, es con­si­de­ra­do un ex­per­to ma­te­má­ti­co (¿?), so­lía te­ner las puer­tas y ven­ta­nas de sus ho­gar (sic) siem­pre ce­rra­das y no per­mi­tía que na­die in­gre­sa­ra al do­mi­ci­lio ubi­ca­do en la ca­lle de Pen­sa­mien­to nú­me­ro 70 (qué cosa más bárbara; yo tampoco permito que nadie entre a mi domicilio, ¿seré sospechosa de algo?), Co­lo­nia Jar­di­nes del Te­pe­yac, en Eca­te­pec, Es­ta­do de Mé­xi­co. Se­gún los in­qui­li­nos de esa ca­lle, ha­cía 10 años que ha­bía lle­ga­do a ese in­mue­ble, el cual per­ma­ne­ció en te­rre­no du­ran­te mu­chos años, "pe­ro de re­pe­nte en un abrir y cerrar de ojos, cons­tru­ye­ron la ca­sa (Casas Mágicas SA de CV), y fue cuan­do es­ta per­so­na (sic) se le co­men­zó a ver por es­tos rum­bos".


Quien hi­zo ca­chi­tos a su quien le dio el ser (DOBLE SIC: uno por el “su” fuera de lugar y otro por lo poético de la frase), siem­pre re­cha­zó la amis­tad y la con­ver­sa­ción de quie­nes se le acer­ca­ban (la gente solitaria estamos en peligro: rechazar conversaciones es sospechoso); in­clu­so hu­bo quie­nes le so­li­ci­ta­ron al­gún ser­vi­cio o via­je con su ta­xi (¿viaje con su taxi?), "pe­ro siem­pre se ne­gó, de­cía que no po­día", ex­pre­sa­ron al­gu­nos en­tre­vis­ta­dos por es­te ma­tu­ti­no.


Por el ho­rren­do cri­men que co­me­tió es­te hom­bre de 33 años de edad, la po­bla­ción de la Co­lo­nia Jar­di­nes del Te­pe­yac, se en­cuen­tra cons­ter­na­da y no da cré­di­to a lo que acon­te­ció en ese do­mi­ci­lio que a pri­me­ra vis­ta se ob­ser­va co­mo cual­quier otro, pe­ro que en su in­te­rior, se en­tre­te­jió una his­to­ria de te­rror por el sim­ple he­cho de ha­ber ase­si­na­do de esa ma­ne­ra a quien le dio la vi­da. "Es un mons­truo", "es un des­cuar­ti­za­dor", "es un po­ca ma­dre", "ni Dios lo va a per­do­nar", "es­tá lo­co, por­que una per­so­na en sus cin­co sen­ti­dos no lo hu­bie­ra he­cho", "el dia­blo se apo­de­ró de él", son tan só­lo al­gu­nas de las ex­pre­sio­nes de quie­nes só­lo lo co­no­cie­ron de vis­ta. (Qué tal si agregamos: “Por mi Santa Madre”, “malnacido”, “hijo de Belcebú”, “es el malamen”.)


Es­te ma­tu­ti­no to­có a las puer­tas de ese do­mi­ci­lio, don­de só­lo se sa­be que vi­ve uno de sus cu­ña­dos, un se­ñor de unos 40 años de edad que se aso­mó por la ven­ta­na y só­lo se li­mi­tó a ex­pre­sar: "ya no que­re­mos ha­blar con na­die, no que­re­mos re­cor­dar na­da". Por me­dio de ha­bi­tan­tes de esa co­lo­nia, se sa­be que es­ta per­so­na, va­rias ve­ces lle­vó a una mu­jer a ese do­mi­ci­lio, sin em­bar­go por lo re­ser­va­do que era, no se su­po a cien­cia cier­ta qué pa­ren­tes­co lle­va­ba con esa per­so­na (¿cuál persona con cuál otra, el cuñado de la ventana, el descuartizador, la mujer, quién?).


Aun­que la Pro­cu­ra­du­ría Ge­ne­ral de Jus­ti­cia del Es­ta­do de Mé­xi­co, aho­ra ya in­ves­ti­ga otros lí­neas (sic) pa­ra sa­ber si es­te su­je­to es­tá re­la­cio­na­do con más crí­me­nes, los ve­ci­nos de­du­cen que si fue ca­paz de ma­tar a su pro­pia ma­dre, lo más pro­ba­ble es que ten­ga un his­to­rial ne­gro (y como los vecinos no son ñoras y ñores chimoleros sino insignes criminalistas, seguramente tienen razón). "Mu­cha gen­te se su­bía a su ta­xi, en­tre ellas mu­chas mu­je­res", re­fi­rie­ron.


Es de se­ña­lar que ape­nas el pa­sa­do 31 de abril, fue se­pul­ta­da la se­ño­ra Yo­lan­da Sal­ga­do Va­que­ra, de 60 años de edad, ma­dre de Eduar­do Sal­ga­do Cer­van­tes. Su cuer­po des­mem­bra­do fue en­te­rra­do en el Pan­teón Jar­dín Gua­da­lu­pa­no, ubi­ca­do en el mu­ni­ci­pio de Eca­te­pec, don­de se­gún per­so­nal de ese mis­mo cam­po­san­to, se vi­vie­ron es­ce­nas de tris­te­za, pe­ro tam­bién hu­bo quien mal­di­jo el he­cho. "Có­mo es po­si­ble que ha­yas ma­ta­do de esa for­ma a quien te dio el ser, el que te cui­dó y te guió por la vi­da", es­cu­cha­ron en va­rias oca­sio­nes los tra­ba­ja­do­res de ese pan­teón, don­de aho­ra se en­cuen­tra se­pul­ta­da una ma­dre que su úni­co error fue ha­ber­le ofre­ci­do a su hi­jos siem­pre una ayu­da in­con­di­cio­nal.


Se­gún in­di­cios que re­co­gie­ron las au­to­ri­da­des, es­te in­di­vi­duo pu­do ha­ber apren­di­do por me­dio de pe­lí­cu­las gra­ba­das en CD, có­mo des­mem­brar a un hu­ma­no y de es­ta ma­ne­ra ha­cer ca­chi­tos con una se­gue­ta a su pro­pia ma­dre (seguramente vio SAW juego macabro y películas de zombis; me gusta el cariño que el reportero le tiene a la palabra “cachitos”).

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